domingo, 19 de abril de 2009

Mensajeros del Amor

Regresé a casa muy tarde, en un remis, y el chofer iba atento a los grupos de jóvenes en las esquinas, y me manifestó su inseguridad.
Yo miraba las copas de los árboles, iluminadas por las luces amarillas de las calles, y que formaban un techo frente a mí, porque sus ramas se entrechocaban desde una acera a la otra.
Los árboles me despertaban una confianza. Los veía como mensajeros del Amor que está por encima de todo, más allá de todo.
Los dos estábamos insertos en la misma realidad, la de la noche en Buenos Aires. Pero el momento tiene diferentes facetas. Los grupos de jóvenes que estaban en las esquinas eran parte del paisaje, y los árboles también.
Unos producían cierto temor en el señor que conducía el auto, los otros me susurraban a mí el mensaje del Amor.

2 comentarios:

Regina dijo...

Una misma realidad puede recibir miradas tan diferentes y variadas como seres humanos la tengan presente. Si no estamos abiertos a esas posibilidades la convivencia es imposible; esto parece comprensible en teoría pero qué difícil es concretarlo!!!
Cariños.

Blanca dijo...

Ya lo creo que no es fácil, amiga.
Pero qué bueno es poder ir descubriendo a cada instante ese abanico inmenso de posibilidades.
Gracias por tu comentario.