Sin embargo, la determinación de hacerlo hace que en un determinado momento, sin siquiera saber cómo, algunas cosas se vayan soltando, y se va aliviando la tensión que me generaba el aferramiento.
El alivio llega al soltar todo. Pero una vez que empiezo a experimentar ese alivio, parece como que se facilitan las cosas, y se van terminando de soltar solas.
Ni siquiera sé bien qué es lo que se suelta. Tampoco me doy cuenta del todo qué falta soltarse. Sólo sé que el camino sigue y sigue, y mucha parte de él la recorro en oscuridad, pero con la confianza de estar unida a la Fuente de Amor, Dios, que guía a todos hacia su encuentro.
Otra cosa que sé, es que este camino no tiene vuelta atrás. Nada es igual que antes en mi modo de ver mi vida, en el modo de estar en ella. El hecho de pensarla tanto, me condujo a darme cuenta de que la vida tengo que pensarla menos, porque me pierdo de ella pensando, tratando de controlar. Sólo tengo que vivir, eso es todo...
