sábado, 3 de mayo de 2008

Ternura

Me senté sobre la alfombra de pasto, mullida, y apoyé las manos sobre él. Era una de esas hierbas con hojas redondas y pequeñas, muy verdes. Despedía un aroma fresco, más rico que cualquier perfume.
Me sentí amada, mimada por las plantas, por el aire fresco, por la tierra, por Dios.
No hicieron falta palabras, ni siquiera de agradecimiento.
Lo mejor era quedarme en silencio, escuchar el rumor de la brisa, y disfrutar la ternura del momento.
Lo mejor era dejarme amar.