domingo, 24 de febrero de 2008

Compartir el instante

A la mañana temprano, más temprano que siempre, los ruidos todavía parece que no se despertaron. Entonces meditar es como más íntimo. Y el tiempo parece detenido.
Por un momento llego a vislumbrar algunas veces que la vida es sólo ese instante, que no hay nada más, en tiempo ni espacio.
Sólo es aquí y ahora. Esta es una vivencia liberadora. No hay preocupaciones por el futuro, ya que no hay futuro. Ni añoranzas o remembranzas del pasado, ya que tampoco hay pasado.
Sólo ese instante.
Y qué bueno fue que hoy alguien me compartió una experiencia similar. Hasta parecía que yo leía en el libro de su andar por este camino, mi propio andar.
Porque he leído acerca de estas cosas. Pero no se compara con vivirlas. Y escucharlas de otro que las vive también. Cuando uno se ve como en un espejo reflejado en el otro, en algún aspecto particular, en algún descubrimiento intuitivo.
Le doy gracias a ese amigo que compartió el instante conmigo. Y vuelvo a quedar asombrada por los matices de este camino.

2 comentarios:

Adolfo Rumbo dijo...

Blanca, reconozco esta experiencia que relatas por medio de la meditación. Antes de que se despierten los ruidos, antes de que "pongan las calles" es maravilloso meditar. Es una preparación para el resto del día, que de pronto cambia. Gracias por compartirlo y animarnos a vivirlo.

Blanca dijo...

Gracias, Adolfo, y bienvenido.
Y cómo cambia la óptica después de una experiencia así!
Si la vida es un instante, entonces sólo debo estar atenta a cada uno de ellos en particular, porque es único. Los otros que la componen todavía no fueron, o ya pasaron.
Saludos.